Ser.

Existe algo en tí,
indescrptible,
vivo y y cambiante,
imposible de perder.

Existe algo en tu cuerpo,
fascinante,
esporádico y deslumbrante,
que siempre quiero ver.

Existe algo en tu mente,
atrayente,
sereno y conciso,
que sobrepone y percibe.

¿Qué me detiene?

Tus ojos almendras que sin importar lo que vean descansan sobre lo observado,
siempre retraídos, funcionando como las estrellas que al esconderse
la luna alumbran hasta el último suspiro que
las separa de la nunca melancólica mañana.

Siempre dispuestos,
definidos por su furia,
guiados por su furor,
siempre teme.

Tus piernas misteriosas como retoño de árbol, intrincadas y seductoras como rosal sin hojas, recordando la textura de lo erótico siempre bajo el tono blanco y amarillo de la belleza que las rodea. Ejemplo único de la imperfección perfecta del cuerpo humano, que bajo el contacto se vuelve en el cuchillo más afilado de doble filo. Ofreciendo redención a cambio de profanidad y herejía, contrastanto con la purificación y lo sublime, que jamás se buscó y siempre se alcanzó.

Los deseos son indefinidos,
irrumpidos tan solo por tu mirada,
que cual fuego irascible,
que me impide pensar.

No concientices,
solo observa,
disfruta y observa,
no analices.

A base de temores, nervios y reproches observo tu boca; Puedo sentir la curvatura de tus labios con mi mirada como si de una pradera llena de pasto se tratara. Curvos como un monte y suave como el borde que existe en la luna menguante. Tu sonrisa no puede hacer nada más que hacerte vivir imágenes que sin piedad desfilan por tus ojos y mis mismos labios, recordando el etéreo contacto que tuvo con los tuyos. Tu brillo natural que caracteriza y envenena tu boca más que cualquier otra fórmula. Ante la luz se convierten en tímidos, vírgenes y predispuestos. Retadores y seductores sin buscarlo. Ante el sol tus sonidos son certeros y guiadores, tus sonrisas son únicas e inspiradoras. tu mirada es encandecedora y altiva para muchos, inefable a las circunstacias, impávida frente a cualquier otra mirada, cualquier otros ojos. Definiendo de manera lógica e imperceptible tu posición inalcanzable, posicionando tus labios a la contradicción de la religión y el deseo, recaudando el tributo de la redención de como único pago existente. De noche… De noche tus labios existen, con brillo, con luz, con vida y muerte propia. Reencarnación es lo que ofrece, renacer el tributo de tocarlos.

Tímido y reluctante,
atento y risueño.

Cronista y adivino,
receloso impersonal,
ingrato a tu merced,
bendecido perpetuo.

Inconsciente llevo el deseo,
ingrávido te observo,
música al ritmo de tus recuerdos,
siempre relatando mis miedos,
preso de contemplaciones,
comparable ante constelaciones,
dependiente del miedo,
avanzar es insufrible,
arduo y variable.

Invierno se acerca,
otoño me ha malcriado,
¿Qué será lo que se espera?
me cuestiono halagado.

¿Qué es lo que te detiene?

Como una corporalidad etérea que deambula por el espacio donde la mente hace de intérprete de las ideas, y observa el escenario y la situación en la que me ofuscas, te acepto. Como una luz blanca tenue que descansa sobre un libro viejo abierto a la mitad junto a una taza en un terraza, te recibo. Como el sol frío que se asoma de entre la nieve que abraza el horizonte y emana la sensación de un despertar, te acaricio. Como el primer aleteo de un viaje de cientos de kilómetros que está por realizar un pájaro que emigra hacia el norte, te beso. Como la melancolía y la nostalgia que llaman sin punto de retorno y sin buscar de manera directa la luz de una luna llena, te extraño. Como el color que adoptan las brazas al ser sopladas, te pienso. Como la penumbra a la lluvia, como el piano a los edificios altos, como el árbol al viento, como lo arrabalero a lo sensual, como la pintura al atardecer, como la almohada a las lágrimas, como a mi taza el té, como mis sentidos el placer, como a mi mente a lo único, como mis manos a tu piel, como mis labios los tuyos, te quiero.

Invisible siempre:

Golpea, llora, piensa, siente, toca, lleva, carga, ríe, imita, invade, apropia, corrompe, toma.
Haz lo que haces y harás.
Harás lo que haz y haces.
Haces y harás lo que haz.

Que mientras perciba y decida,
dispuesto estoy,
sin variantes,
ni una más ni muchas menos.

¿Qué nos detiene?

Tan solo tu mirada junto a la mía podrá responder esa pregunta. Porque ante el roce de tus labios, las dudas y los filtros desaparecen, volviendo inútil la pregunta. Espero encontrar la respuesta en el lado oscuro de tus ojos para poder conocerla, y una vez aceptarla, poder romperla.

Perder lo que alguna vez me detuvo a acercarme más a lo que hizo que cuestionara mi conciencia y mi vida.
Perder la rutina y la monotonía, alabando incansablemente la sorpresa.
Perder  las condiciones de tu persona y la mía.
Perder los tabús que corrompen.
Perder  el miedo.
Perderme

Ser.

Y ser contigo.

Edson.
Con placer para y por Karime.

 

Ensueño

De igual forma si fuera ante un espejo,
con la misma sutileza formada por las sombras,
árido de pensamientos o ideas,
inequívoco sobre placeres,
intento comprenderme.

Mi existencia no es única,
no hay ninguna duda,
Pero,
¿Quién realmente ve a quién?
¿Quién está presto a atravesar esa inútil barrera?

La alquimia:

Faenas desabridas,
pináculos inexistentes,
clímax subterráneo,
miradas encontradas.

Tu maquillaje tímido,
tu botón de energía que florece,
tu risa ensimismada
y tu sonrisa anarquista.

Tus manos de primavera,
tus caricias como la marea,
andando siempre etérea,
pero ocultando que no sabes donde llegar.

Tus susurros de hielo,
tus miradas subjetivas,
tus halagos impredecibles,
tus predecibles intenciones,
tu cuerpo bajo el sol,
tu espalda sobre el suelo,
tus piernas estiradas,
tus labios formulando.
Siempre formulando.

No busque siquiera entenderlo,
No busque siquiera entenderme a mí.

No sabre quien llegó a quien,
no sabré quien saludó primero,
para siempre detalles nimios.

Tu rostro lo dijo todo,
ferviente sin saberlo,
con fuego sin urna,
luna llena en noviembre.

Es imposible descansar después de conocerte;
sopesar, pensar, enrabietar, creer.
Imaginar.

Si fui algún día dejé de serlo al ver tus ojos,
esa persona a través del espejo que vive en tu mirada,
yuxtaposición, yuxtaposición.

¿Quién soy ahora para pedirte algo?
¿Que materia humana contengo para poder expresarme?

Llegará el día, por supuesto,
impaciente y voraz ,
crucificando a su paso,
exigiendo redención mutua.

No me negaría jamás a ti,
no me entregaría jamás a ti,
no quiero pensar más en ti,
Pero no puedo ser sin ti.

Tengo fe,
tengo esperanza,
pero no te tengo a ti.

Maldigo al espejo de tus ojos,
cambiante de cuerpos y personas,
bendigo tu mirada única y reveladora,
musa de sueños y desvelos.

Actriz de pensamientos e ideas,
inválida de prejuicios,
no tengas piedad de mi ser,
asesíname si es de menester,
cuéntame ya entre los tuyos que he de caer.
Regresa mi cuerpo con el espejo de tus ojos.

Edson.
En Honor a Berenice Vicencio.

Tiempo adúltero

Efímeras ideas invaden el espacio,
ninguna irrelevante para mi ojo izquierdo,
celosamente, el derecho protesta encontrándolas todas hermosas.

Reservado el anticipo de mi destierro,
uno mis pensamientos a la lógica,
ceñidos ante el más duro de los hierros,
insensibles antes los prejuicios de los insensibles.

Jadeante me encuentro ante ti,
anhelando mi lugar en el mundo,
destruyendo mi imperio oculto,
añorando mi espacio en el tiempo.

Memorizo los rizos de tu cabello,
impregnados de historia y sensaciones,
guardo la imagen de tus ojos,
últimos seres en morir.

Empapado de prejuicios e ideales ilógicos,
llego a tu mirada.

Te miro.

Y me cuestiono sin ser visto.

Esta noche no quiero soñar,
miedo a ser contradecido por Morfeo.
Esta noche no quiero pensar,
miedo a recordarte y ser prisionero.

Tu muerte no me asusta,
tus ideas me desgastan,
quizá tus palabras se claven,
y tu mirada me descosa.
Pero ten por seguro que quiero verte de nuevo.

No muy tarde, no muy pronto.

Edson

Hazme el recuerdo amor.

Eres tu la tiniebla que me mira,
la oscuridad que me domina,
aquella que cálidamente me envuelve,
noche tras noche, espero tu llegada.

Y no te culpo.

Juegas al perdón,
sin miramientos o culpas,
siendo esta la razón de mi ser,
pierdo yo siempre mi fe.

Ven de nuevo,
regresa a mi epifanía.

Hagamos el recuerdo en mi lecho,
a la luz de tu tiniebla,
con luna llena en el techo,
y sin miradas mutuas de placer.

No quiero que me veas esta noche,
por hoy yo no te amo,
como tampoco tu a mí,
solo siéntate junto a mí, oremos.

Deja que la luz lunar empape tu cuerpo,
que tu piel sea lo que brille esta noche,
deslúmbrame.

Deja que mis ojos vistan tu pecho desnudo,
los llenaré de pasiones, culpas y razones,
desvísteme.

Deja que mis dedos pinten tus piernas,
pincelando el color del deseo sobre ellas,
tócame.

Deja que mi boca encuentre tu gemido,
escondido entre tus secretos terrenales,
disfrútame.

Hagamos el recuerdo esta noche,
que no quiero saber de ti.

Hazme el recuerdo sin pensarlo,
y entrégate sin cuestionarlo.

No quiero mirarte,
no quiero verte,
tocarte,
besarte.

Es repulsivo,
grotesco sin dudas,
sabiendo que eres tú,
y respondas mi caricias.

Quiero tu recuerdo,
el pasado en mi futuro.

La luna es testigo de ello,
de que hoy no te quiero yo.

Quiero tu boca,
pero no tus besos,
tu cuerpo,
pero no tu piel,
tus ojos,
pero no tu mirada,
tu placer,
pero no el mío.

Quiero que aúlles a la luna esta noche,
que las estrellas te envidien,
que la luna brille más gracias a tu fervor,
que las nubes se disipen del cielo,
pero no te quiero a ti.

Hagamos el recuerdo esta noche,
quiero recordarte un día lejano,
con ternura y sin remordimiento,
libre de las dudas, libre de ti.

Enervado

Logro mirar tus ojos,
labios sabor durazno,
que para siempre arrancaste,
nunca devolviste.

Es ligero el sentimiento,
tus brazos me rodean cálidamente,
ahuyentando mis ideas,
frenando mis alivios.

Ferviente la mirada, inapelable.

Logro mirar tus ojos,
recordarlos me ha sido imposible,
contemplo la redención en mi reflejo,
siendo tu pupila no más que un espejo.

Extrañarte está noche a sido por divagar,
la cuestión existe en no pensar,
un poco de suerte,
y el alcohol del día siguiente.

Decido mirarme a los ojos,
la mirada ha desaparecido.
del furor encarnecido,
el espejo se ha reído.

Sorprendido entonces me desvelo,
intentando hablarte,
resolviendo esperarte,
finalizar al escribirte.

No queda nada de mí,
nada que pueda ya ofrecerte,
nada que quieras tomar.

Trémulo te prometo,
te miro y me sincero,
hasta entonces dije perdido,
espero no encontrarte.

Fuego

Intimida.

Encontré la palabra,
no podría describirlo de otra manera,
con otras palabras sería imposible,
hablando de asertividad…

Su mirada intimida,
sus pupilas te encogen,
la fuerza de su mirada endurece.

Intimidas.

Con sutileza sin duda,
de manera inconcebible,
con miedo y sin premura,
busco rehuir de ella.

Me has mirado,
lo he sentido,
lo he percibido.
Lo he extrañado.

Penoso,
con dudas,
intentado sonreír,
sin prejuicios.

Es así como yo te veo,
como tiendo sostenerte,
y con miedo por supuesto,
intimidado.

Es la fuerza,
es la energía que irradia,
es el fuego en tus pupilas,
es y serás tú.

Porque no sólo en tu mirada existe fuego,
no sólo tu mirada irradia energía,
inspira respeto, admiración,
Intimida.

Todo tu ser,
todo tu cuerpo,
tu cabello,
tus sentimientos,
tus ideas,
tus reacciones,
tus pensamientos,
Tú.

Llamas,
la sensación de seguridad,
calor, hospitalidad,
No poder desviar la atención,
nunca sobreponerse de impresión.

¿Cómo describo al fuego?

No puedo apartar la mirada,
por más que desee hacerlo,
todo es misterioso, único, inigualable,
musicalmente perfecto. Rítmico

¿Cómo te describo a ti?

Me es imposible escribir todo lo que me causas,
me es imposible describir lo que siento,
no por ser yo el que lo sienta,
si no por ser tú la que me lo causas.

No puedo definirte,
y es extraño escribirlo,
no puedo concebirte,
y es hermoso decirlo.

Me intimidas,
no por el miedo,
no por el temor que se presenta ante ti,
sino de la manera en que lo haría un acantilado,
inspirando respeto y admiración.

Todo tu ser me intriga,
hace cuestionarme.

Desaparece temor,
desaparece,
que deseo mantenerte la mirada,
deseo sentir el calor.

No me malinterpretes,
no me entiendas mal,
porque al tener un fuego enfrente,
¿Cómo evito no quemarme?
¿Cómo evito no mirarlo?
¿Cómo evito no escribir de él?

Intimidado es la palabra,
intimidado por tu ser,
intimidado de estar a tu lado,
intentando vencer el miedo.

Ahora mirada de fuego,
dime,
¿Aún piensas cobrarme?

Edson

Pienso en ti

Suavemente,
sin pesar,
con ternura,
cuestionando sin dudar.

Tus movimientos atraen,
tus ideales complementan,
es enigmático,
impredeciblemente vivido.

Se intenta,
se pretende no importar,
mentimos el no percatar,
afirmamos la indiferencia.

Pero no se consigue nada.

La añoranza queda entonces sellada,
sin errores asegurada,
el olvido descartado,
y el recuerdo perdurado.

Son las acciones las que provocan,
las ideas que atormentan.

Respiro sosegado,
intranquila la mente,
ella ha confirmado,
y me siento levemente.

Observo el entorno,
¿Acaso soy el único?
no puedo serlo,
no puedo entenderlo.

Llenando así el ambiente,
irradiando actitud y consuelo,
derrochando belleza y empeño.

Quema,
deslumbra el furor,
contagia la emoción,
¿Acaso soy el único?

Comprendo entonces,
sintiéndome entonces culpable,
confirmando mi egoísmo,
y tentando lo palpable.

Aspiro la ceguera,
mirar por siempre la luz,
admirar por siempre el sol.
¿No será acaso suficiente?

¿Qué me que queda decirte?
mis dudas me carcomen,
y acabarán tragándome,
busco y espero sin ningún fin,
sin embargo pienso en ti.

Admitirlo es embarazoso,
vergonzosamente verdadero,
y no puedo sino decirlo,
y es que sí pienso en ti.

¿Qué queda entonces de mí?
la búsqueda y la tortura,
la espera y la dulzura,
y es todos los días,
todo por saber que me dejas sentar junto a ti.
Edson.