Enervado

Logro mirar tus ojos,
labios sabor durazno,
que para siempre arrancaste,
nunca devolviste.

Es ligero el sentimiento,
tus brazos me rodean cálidamente,
ahuyentando mis ideas,
frenando mis alivios.

Ferviente la mirada, inapelable.

Logro mirar tus ojos,
recordarlos me ha sido imposible,
contemplo la redención en mi reflejo,
siendo tu pupila no más que un espejo.

Extrañarte está noche a sido por divagar,
la cuestión existe en no pensar,
un poco de suerte,
y el alcohol del día siguiente.

Decido mirarme a los ojos,
la mirada ha desaparecido.
del furor encarnecido,
el espejo se ha reído.

Sorprendido entonces me desvelo,
intentando hablarte,
resolviendo esperarte,
finalizar al escribirte.

No queda nada de mí,
nada que pueda ya ofrecerte,
nada que quieras tomar.

Trémulo te prometo,
te miro y me sincero,
hasta entonces dije perdido,
espero no encontrarte.

Esta entrada fue publicada en Poemas.

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