Sí puedo dormir, gracias.

Enero y Diciembre fueron calientes,
ya no puedo estirar los brazos si pensar en tu cintura.

¿Que será de mi vida?
no lo sé,
tan sólo que todo es mucho más claro cuando va lento.
Y que de reojo te miro y te encuentro dormida.

Ven, mojemos el piso.

Tanta música y nosotros sin despertar aún,
voy cenar sobre el sueño de nuestro propio globo aerostático.

A veces hay tanto humo,
que mi mano se equivoca de lugar,
que no la quites,
se siente.

¿La última vez que estuvimos en un sofá?
Un amarillo se juntó con un 7.

Por supuesto que podemos caminar en reversa,
pegajosos como la lluvia en verano,
para ir en contra de la corriente de la palabra,
del poema.

Sólo porque, porqué.

Con un pequeño aleluya,
tanta miel se acumula que se vuelve agua,
tanto té,
te ríes,
tanto té,
que se vuelve raíz de nuevo.

Polvo entre polvo.

Gato entre gato.

Y entre tantos besos,
habrá unos sin caspa.

Te amo.

Rayito.

Tu sonrisa se quedó atrapada en mis costillas,
la siento retorcerse,
y a cada diástole,
me murmura lo que en realidad siente.

Con un cuchillo mojado,
abriré debajo de la axila,
la tomaré por las comisuras,
la ahogaré en el charco de sangre.

Que sepas que el dolor no es tuyo,
que si lo disfruto es por decisión,
que si dejo que me lastimes,
es sólo por el placer de tí.

Y me dejas aquí,
debajo de tu barbilla no habrá nada después.

Que si él supiera dónde has estado…
Tu sonrisa se haría más grande cada vez.

Tu sonrisa quedó atrapada en mis costillas,
debajo de la sábana jugando a escondernos,
no sentí la piel abrirse,
no sentí tus dientes morder.

Que la próxima vez que se pierda,
la pondré debajo de la lengua para no perderla,
para tocarla cada que quiera,
para no extrañarte tanto en las noches sin luna.

Que si vuelva a verte,
y que lo haré,
sea para decirte lo que tenía escondido,
sea para recordarte lo que había escrito,
sea para saber si aún me (lo) quieres.

Tu sonrisa se quedó atrapada en mis costillas,
y no quiero que salga nunca.
Edson.

Hey

Sabe que sabe.

Que la piedra la moldea a ella,
que a falda del volcán se congela,
que la metáfora la busca y que el otoño la espera.

Que la luna la sigue,
que las hormigas le quieren,
que arrastra al río,
que moja la arena.

Sabe lo que es.
Lo que es, y que sabe qué es.
Sabe lo que hay detrás, lo que hay de frente y debajo de la almohada.
Sabe lo que no hay cuando la neblina se presenta.

Sabe del aire que habla,
de la vida encontrada y la golondrina atrasada.
La que regresa y no regresa a contarle un secreto.

Sabe de la gente y su imperio,
las confecciones sociales y su juego,
sabe del amor,
de la vida y su recreo.
Sabe encontrar el camino a casa.

Y sabe que su hogar es el cielo,
la penumbra y el eco,
la risa en medio del frío.

Y a sabiendas de que el tiempo es circular,
de que el encuentro,
fúnebre y rencoroso,
la aguarda sin saberlo,
sabe que estoy aquí, escribiendo.

Sabe ella lo que quiere,
lo que busca,
y lo que encuentra.

Sabe que soy mío,
que soy suyo,
que es mía,
que es suya.

Y aún sabiendo todo esto,
que la espero,
que la busco en cada letra y en cada coma,
sabiendo aún que la quiero,
se hace la que no sabe.

Y si no lo sabe, pues espero lo sepa.
Edson.

Mole negro.

Estoy convencido de que detrás de tu oreja anidan los ruiseñores,
de que las leyes morales se espantan al verte a los ojos,
de que detrás de cada uno de tus cabellos,
existe el aroma perpetuo a deseo.

Estoy convencido de que eres la luna encarnada,
de que la marea de mi sangre se agita con tan sólo sentirte,
de que dentro del mar encontraré tu rostro,
y en tus ojos, tu reflejo a media luz.

Estoy seguro del miedo que siento al verte,
de la confianza nata, de la sensación a hogar,
del aire impuro que emana de tu pecho,
del tiemble que suscitas en mi cuerpo.

Estoy tan seguro como lo es un baile debajo de la lluvia.

Y detrás de una comida poder encontrar tu mirada,
detrás de preguntas repetitivas,
de falta de servilletas,
de moscas,
encontrar tus ojos en un rabillo guiñando un coqueteo.

Dentro de un café encontrar pretextos,
dentro de un chocolate, los sentimientos.
y dentro de la plaza, las miradas.

Porque todo es inusitado, imperfecto y silencioso.

Y el silencio que traes contigo es divino,
es adúltero, criminal y latente,
es bendito y obsceno,
tan calmante como culposo.

Y el baile que incitas es pagano,
es blasfemo, renegado y ardiente,
es bendito y obsceno,
tan excitante como balsámico.

Te entrego entonces mis ojos,
expuestos sobre sus órbitas para no hacer nada más que observarte,
te entrego entonces mi piel,
para no ser nada más que tuya.

Y volaré sin remedio como un ave sin pareja,
como una piedra esperando ser de un pingüino,
como una abeja sin reina,
la esperanza de no encontrar nada sobre mis búsquedas.
En espera de que todo lo encontrado sea fortuito,
de que todo sucede tan sólo por la casualidad dando frutos.
Y encontrar en el durazno maduro de tu vientre la respuesta a ninguna pregunta.

Dejemos el clima, dejemos la apariencia que tanto tiempo nos persigue, emprendamos un viaje y cuando nos pregunten a dónde diremos que seguimos el sol. Que los cigarros, el silencio y la suerte nunca falten. Que la comida sea mala, las noches largas y el insomnio regular. Y detrás de cada hora que avance, no exista el miedo de la desolación, porque en un principio nunca hubo una búsqueda, tan solo encuentros y tesoros.

Y podré entonar tu canto,
sabré cantar la nota de tus labios,
y sabras confesar la mía,
y en la vastedad de la música,
componer una melodía con el sonido de nuestras respiraciones al unísono.

Y dejarte ir,
y no dejarte ir.

Y buscarte,
y no encontrarte,
y encontrarte.

No quiero nada,
no busco ni deseo el deseo de tu piel,
ni el instrumento de tus gemidos,
ni mi placer a costa del tuyo.
No busco nada que tenga tu nombre,
ni tu aroma o tus ganas de besar tan tímidas como poderosas,
tan sólo ansío la evocación de mis sentidos ante tí.

Que mis órganos aprendan el idioma de tu cuerpo,
que mis oídos comprendan la historia de tu voz,
que mi lengua escriba la historia de nuestros rezos juntos,
que tu aroma se filtre hasta mi ombligo,
y que tu imagen perdure para siempre.

Te comería viva,
pero no habría nada después.

Pandemia en Pandemia en pandemia.

Quiero que haya miedo. Quiero que exista una idea negra sobre el sentimiento. Quiero que la sensación de que no es correcto se quede toda la vida. Quiero que no sea correcto. Quiero que no se pueda dormir por las noches. Que haya culpa deambulando por toda la casa, que haya vida en el armario, que debajo de la cama se escuchen gritos y manos fantasmas resbalen por las baldosas del baño. Quiero que haya un grito escondido detrás de cada paso que se da. Quiero que haya sollozos, lágrimas y ninguna risa. Más que aquellas que denotan lo poco cuerdo que estamos. Quiero que no haya insectos, que ellos mismo rehuyan de la existencia dentro de esa casa. Quiero que no haya calendario, que el tiempo transcurra sin que él mismo se de cuenta de que está sucediendo. Quiero que la vida muera, y no viva. Quiero que la comida se descomponga, y no que exista. Quiero que las flores marchiten ,no que crezcan, que todo organismo llegue a su muerte orgánica y nunca haya sabido madurar como debería. Todo caerá sin significado alguno, y la existencia tendrá las mismas razones para ella, como la existen de manera verdadera. Quiero que todo sea incierto, que todo provoque duda y cataclismo, que cualquier pensamiento orille a pensar que el anterior no era ni la mitad de cierto, y que toda fruta consumida fue tan sólo producto de un capricho y a mitad del mismo, nos provoque arcadas el acto mismo al estar insatisfechos con todo. Quiero que no haya sueños, que no haya verdades o limitaciones. Que los placeres no satisfagan, que la inconformidad sea amiga de la traición y el deseo perpetuo. Que no haya música y que todo sonido provenga de la necesidad de romper el ansiado silencio. Que la calma sea tan inquietante como agradecida, para que cuando llegue de nuevo, exista la ambivalencia de recibirla o apiolarla por tan sólo unos momentos para recibir su llamado en la puerta de nuevo. Quiero que no haya poesía, y siendo así, se termina esto.

333

Detrás de la idea, se encuentra otra idea.

Contemplar las estrellas de tus caderas se vuelven una paradoja:
El oblicuo sentimiento del renacer y el despertar.

Es impertinente llamarlo egoísta,
ya que tus funámbulas caricias no conocen motivo,
ni rey ni sueño.
¿Qué más les vale a ellas provocar el destierro de mis pensares y delirios?

Como poner toda una vida dentro de una libreta,
para después recortar letra por letra para formar un poema dadá con ellas.

No tengo piso ni techo,
hace no mucho llegué aquí y pronto partiré,
en tus besos marco las horas pasadas,
y en tu pecho las ideas pasadas.

Inerte la sensación que carcome,
sesgado por mi propia luz,
tu franqueza en mi oído propone un nuevo salto,
muchos.

Pararé por cuenta propia mi desvarío,
sonreiré sin pesar mío,
y soñaré despierto sobre tí cuando lo deseé.

Desahuciadas mis ideas,
rogando por tan sólo un poco de tu atención,
las arrullo para luego aventarlas al río de mi confusión,
todo aquello que creía, es ahora incertidumbre ante tu cariño.

Todo aquello que creía, es ahora incertidumbre ante tu cariño.

Y lo hiciste ayer,
y el día anterior a él,
y el anterior, y el anterior,
y el anterior.

Con un roce sobre mi mejilla cuestionas mi fe,
mi serenidad y mi dogma,
con un abrazo súbito,
mi crédito y mi persona,
¿Qué no haces entonces con un «te amo» sobre mi oído?

No tengo piso ni techo,
hace no mucho llegué aquí y pronto partiré,
en tus besos marco las horas pasadas,
y en tu pecho las ideas pasadas.

Soñaba a veces que la vida se encontraba debajo de la almohada,
que detrás de la luna se entreveía las respuestas prohibidas,
que un en un trueno se escondía la verdad de la subsistencia,
que en un beso encontraría la seguridad del amor.

Cierto que, aún lo creo.

Pero a bien sabiendas que en tus manos todo lo dudo,
que estando sobre tí cuestiono la existencia del tiempo,
que sobre tus brazos la del espacio y el lugar,
que sobre tu rostro las leyes naturales de la vida,
y sobre esta relación, la posibilidad de la inexistencia.

No tengo palabras,
y es exactamente mi sentimiento,
no sé cómo escribir esto,
porque no tiene sentido a veces.

No tengo piso ni techo,
hace no mucho llegué aquí y pronto partiré,
en tus besos marco las horas pasadas,
y en tu pecho las ideas pasadas.

Y será detrás de tus orejas donde encuentre reposo,
debajo de tus uñas donde encuentre mi agitación,
en la comisura de tus labios donde me columpie para clavarme para siempre en tu regazo.

Que mis ideas se queden ahí,
escudriñando las esquinas del infinito,
sorteando vados y siendo existencialistas,
mis deseos son claros,
confusos por fuerza definida,
pero claros en su cometido y en su objetivo,
qué decir tiene mi sentimiento s o mis perturbaciones,
que no dejaron de rezar a la calamidad de aquel primer beso,
o aquel primer baile.

Que siempre detrás de una idea, se esconde otra idea.

Y detrás de ellas, mi amor por tí.

———-

Se,
sé,
se.

TOMA UNA IZQUIERDA.

Ay,
ayer,
hacer.

Sé.

El bombo, bom, bom, bombo.
Y a tí lector por hacer estallar la bomba:

3…
2…
1…


Boom.

Control+Alt+Suprime tu existencia, basura.

Viajeros del perpetuo presente.

Eres el riachuelo que uno se encuentra por equivocación en medio del bosque,
eres la luna que sin querer veo entre el follaje de los árboles del parque,
la espuma de la última ola que se acerca,
la luz que danzando se escabulle por entre las cortinas para revelar el polvo de la agitación del descanso.

Eres la decisión de tomar una decisión,
la ambivalencia para para ser una u otra persona,
el movimiento movimiento, perpetuo,
la sensación de la vuelta que nunca acaba,
el descanso interminable.

Eres unas vacaciones dentro de las vacaciones.

Sensación, sensaciones derrumbadas

La inherente emoción de que todo lo vivido es un preámbulo,
que toda huella es un prólogo para usted y yo,
que todo error desembocó a la antecámara de nuestro encuentro.

Maga.

Sea usted lo que quiera ser,
tan libre como pueda y merece,
tan rápida como decida,
tan voraz como se lo permita.

Sea la vida que se extingue detrás de la vela,
la soga que detiene al colgado,
sea usted la última imagen registrada por los ciegos.

Sea mis sentidos, Maga.

Sea la culminación de todas mis dolencias,
el éxtasis de mis aflicciones,
la conclusión de cuantas veces sentí que la vida podía más que yo.

Habrá momentos en que no pueda decirte más,
donde la palabra resabale por mi mandíbula para eclosionar sin reparo en tu mejilla,
habrá momentos donde no quiera ser yo,
que no quiera encontrarme,
que en una tarde borracha me olvide de mí,
que no sepa donde me encuentro,
o lo que soy,
o lo que vivo,
pero sabré que estoy contigo,
y ello me arrastrará a la orilla más cercana.

Mis ojeras me delatan,
mis ojos cansados, incluso de de mí,
deambulan por tantos espacios como recorre mi mente,
y ahí,
donde se junta el día y la noche,
chocan mis pupilas con las tuyas,
se presentan, hacen reverencia y se olvidan de lo demás.

A partir de entonces,
el universo conspira,
el tiempo transcurre,
la vida se desgasta y la naturaleza se extingue,
pero con tan solo la idea, y el deseo mutuo,
usted y yo permanecemos juntos.
Tan sólo de memorar su aliento,
acariciar el dejo de su aroma,
con la mínima intención de tomar su mano con la última brisa de la mañana,
sé que mi corazón palpita en son con el suyo,
que la vida ha sido por demás dichosa de ponerme en su camino,
por saber que no ha habido errores,
tan sólo casualidades curiosas.

No le prometo nada,
Maga hermosa,
no seré quien le ofrezca la luna,
la estrella más cercana o las noches de insomnio,
no seré quien le jure un amor incondicional,
un amor imposible y puro,
una luna de miel eterna o un capítulo 7 de Rayuela.

Seré aquel que la invite a buscarlo juntos.

Aquel enamorado que la empujará al precipicio,
ése que le da miedo besarla en las noches más oscuras,
y el mismo que tendrá pena de entrar al recinto de su cuerpo.
Pero también uno que bailará hasta el paro a su lado,
que exprimirá las sabanas de la última gota de sudor,
que la abrazará sin reparo en las noches de lluvia,
y soñará despierto de su boca mientras lo besa.

Vaciemos los lagos,
demos la vuelta al mundo sin salir de tu cama,
desayunemos en Pluto y hagamos de los prejuicios nuestros lacayos.

Seremos para la gente la envidia,
la gula, la lujuria y el ayuno en uno sólo,
que critiquen nuestra libertad a nuestras espaldas,
que se burlen de tu nombre y el mío,
que la gente desconozca nuestra definición de amor,
démosle miedo a aquellos que le temen a la honestidad.

No sea mía,
que jamás seré de usted,
seamos uno sólo que en su libertad se elige,
y uno distinto para cada día de la semana,
menos los jueves.

Detrás,
detrás de la sonrisa que se esconde,
entre sus dientes se asoma el beso lisonjero que coquetea conmigo,
de un mordisco me lo trago y le regalo otro,
como en una cuerda floja,
las equilibristas de nuestras lenguas malabarean la excitación mutua,
retando al otro a caer primero.

Maga…

A partir de cuantos pensamientos suyos han cruzado mi mente estos días, el mayor de ellos es el del presente.
Y es que que mayor suceso de amor, si todo lo que sucede es dentro del espacio inmediato, si cuando pienso en usted es ahora,
es aquí y es preciso. Por más que imagine, sueñe o escriba, todo lo vivido tan sólo aumenta el deseo actual,
el tangible, el que puedo medir en besos que deseo obsequiarle, y eso es tan único como lo es usted o el aroma que le envuelve.
Nada es tan preciado como lo que puede saberse próximo, o posible,
pero usted, improbable e imposible,
cayó de repente sobre mi cuello para hacerme saber que éste era nuestro momento, que no hay un después, y lo que sucedió allí estará,
que no hay otro momento más que aquel que existe mientras nos besamos, y después, nada.

Viajeros del perpetuo presente.

Untitled.

444 Años atrás de la llegada del primer humano a la tierra, existía . no tenía nombre, ya que no existía el lenguaje, no tenía color, o forma siquiera. A través de complejos cálculos de carbono sabemos que el mundo era de tal u otro material, que existían seres que rondaban por las grandes planicies terrestres, sin embargo, no tenía razón, o restos, o indicios de que pudiera o no haber existido, pero lo hacía. Para era fácil ser, ya que carecía de razón, carecía de sentido porque no importaba la lógica, o la gravedad o la matemática, para lo único que importaba era el ser, algo incomprensible para su y nuestro momento. Se desconoce el tiempo entonces, porque tampoco importaba para , se ignora el momento en que apareció, o el momento que se fue, si es que en verdad llegó o si quiera habitó. Esto no es un obituario, o un intento de crónica de un tema cuántico, es una invitación a pensar en . Porque entre más seamos los que pensemos en ello, más probabilidad tendrá de existir, y de esperar su regreso.

Santa maría del buen Ayre.

Que llegue,
que llegue y llega.

Que entonces la distancia sea el remedio,
que el silencio intercambiado entre los labios sea el bálsamo de la desidia,
porqué,
al lado tuyo las confusiones se difuminan y la luna se ilumina.

Un clavel en un cofre de cedro,
es el perfume que invade la habitación,
la invitación a desentrañar su misterio,
a conocer el secreto del erotismo encarnado.

Y viene y va,
entre una pausa, y otra y otra, y más,
entre los trinos de los pájaros de una iglesia desconocida,
entre los kioscos desiertos y la mala geografía del centro,
será para nosotros la tarde y el ocaso,
nos entregaremos a la noche y a sus anhelos.

Para un lado y el otro,
la decisión se mece como si de un barco se tratase,
como si la inclinación hacia el cariño dependiera del viento,
del pasado.

Empezaría entonces por el cabello,
navegar por las olas y hendiduras del fuego,
naufragar a propósito bajo la noche de tu mirada,
soñar despierto sobre el pastizal del llano en llamas,
descender ahora por la curvatura imperfecta de tu nuca,
murmurar algo en el espacio entre tu oído y tu excitación,
respirar del perfume de tu poro izquierdo,
destilar la miel fermentada en mis labios,
rebosar tu espalda de cuanta dulzura provocas en mi sistema,
y entre un mordisco y el otro,
recordar tus labios y encontrarlos de nuevo.

«Que no haya testigos.»

Será entonces momento de retirar el clavel de aquel baúl,
y el cadáver del ataúd.

Bastante, mucho, un chingo.

Para evitar la seriedad,
comienza el juego,
comienza el intercambio,
la pregunta seca si lo que sucede es correcto.

«Deja de pensar en el mañana.»

Ojalá que llegue,
me digo,
ojalá que exista,
me digo,
y llegas.

Me queda ahora el mensaje escrito:

Desiste,
embiste y arremete,
toma tu idea en la mano y lánzala con la fuerza de tu deseo,
confía en el valor de la poesía,
que si persiste la fe del ahogado por encontrar la playa,
bien podremos entonces encontrar refugio en la isla de nuestra intuición.

Descifremos entonces nuestras creencias,
demos paso a la religión pagana,
entremos al monasterio de nuestra fantasía,
apacigüemos la sed nuestro encanto con el embrujo de nuestra ansia,
saciemos el hambre de nuestro ayuno,
recemos el mantra de nuestro cuerpo cada noche,
seamos para nosotros aquello denegado por nosotros,
seamos para el otro la respuesta tan ansiada del suceso mortuorio,
seamos el fin de la espera.

Quedo atento por, y para usted,
quedo a su, y nuestra merced.
quedo a su respuesta,
y a nuestro ser.