Recuerdos

Pagano al principio,
apóstata de ideas comerciales,
receloso de la coyuntura mutua,
fui callado por un rayo.

Suspicaz de cualquier posibilidad,
incluso al momento de verte,
fue innecesario hasta el primer segundo.

Fueron tus labios lo primero que ví,
como orugas que se asoman entre las hojas,
como gotas de lluvia sobre las rocas en la playa,
Geishas que tienen tu atención sin buscarlo.

Tu mano hizo un saludo tímido e incómodo,
temerosa de equivocarte de objetivo,
al saberte en lo correcto,
tus ojos reflejaron alivio y decisión,
lo cual me obligó a mirarlos.

Como una barca en un lago neblinoso,
como una soga amarrada a un árbol,
como una imagen religiosa sobrepuesta a otra,
como el océano visto del punto más alto de un mástil,
tus ojos son imposibles de no mirar y apreciar,
de cuestionar y retar su existencia y veracidad,
de no pagar el tributo justo y merecido.
´
Tu voz no reflejaba matices banales,
como tampoco tus palabras,
siendo la obertura de una pieza musical,
una que no me canso de escuchar.

Mi atención se rebelaba,
celosa de sentirte a mi lado y no mirarte,
de escuchar un concierto y no apreciarlo,
de oír tu voz y no escucharte.

La física cesó su existencia,
el mundo se redujo de manera drástica,
el tiempo ralentizo pero jamás llegando detenerse,
el roce de tu espalda con mis dedos era la única interacción existente en el universo,
el contacto de tus manos era sólo comparable con la sonrisa en tu rostro,
y tus pies contenían una risa en cada paso que daban.

La estrella fugaz se convierte en la mejor analogía del momento,
radiante, excitante, incomprensible, provocadora,
pero,
sublime, efímero, incontrolable,
fugaz.

Las ideas entonces formuladas se vuelven inútiles,
botones plastificados por nuevas corrientes,
intrincadas preguntas cruzan ahora el espacio,
chocando con la incertidumbre de la noche.

Si pudiese encerrar los recuerdos cual peces dorados,
guardaría esa noche en una botella vacía,
para recordar lo que el agua provoco en mí,
y lo que me hizo sentir a tu lado.

A pesar de nuestros tabús,
de nuestras supersticiones y vetos,
tus restricciones las borraste en poco,
para olvidarlas en el tiempo.

Y claro que evocarte es imprescindible ahora en mí,
y no solo tus labios,
o tus ojos,
o la armonía de ambos arrullados por tu voz,
sino por tu actitud.

Estrella fugaz que rebota en todas las paredes de mi mente,
imposible de entender a primera instancia,
¨magnífica en todo ángulo y posición,
tan corto como la luna en primavera,
y tan largo como el sol en invierno.

Tan ceremoniosa como rebelde,
tus rizos son prueba fehaciente de tu vida intrínseca,
atolondrada y renqueante,
atenta a la desgracia ajena,
huyendo del fuego abrasador que conllevas.

Rojizas caricias devoraron mis sentidos,
inhabilitando mi capacidad racional,
obligando mi corazón a pensar,
y mi mente a sentir.

Perdiendo todo balance social,
toda construcción basada en ego,
y toda dignidad sostenida en imagen,
me postré sobre tu religión,
perdiendo y generando conciencia,
idolatré tus ojos y propuse la intimidad sugerida,
y la respuesta no se hizo esperar.

La risa que estallaba en tus labios al momento de besar,
tus manos acariciando mis hombros,
la sonrisa perpetua que cargabas,
la noche arrabalera que nos miraba.

Si pudiese encerrar los recuerdos cual peces dorados,
guardaría el tuyo en las nubes y en la luna,
para no olvidar lo que sentí esa noche de lluvia y estrellas.

Lo que sentí junto a ti,
estrella fugaz.
Edson.

Oda al instante.

Si fuésemos medusas varadas en la arena,
destinadas a la perpetua brisa y a la mañana,
obstinadas en el ámbito social,
y antítesis en la susceptibilidad,
podría creerme a mí mismo.

Es una encrucijada sin caminos,
una noche brillante y una lluvia seca.

El gusto polifacético de la sangre se acumula en mi garganta,
mis ideas son relámpagos que anteceden los truenos,
y mis extremidades son rocas que lleva el flujo del río.

Si fuésemos alguien más en otra vida no tendría miedo,
pero el miedo sucede porque soy yo mismo.

Nunca libre de sí misma,
es una paradoja la mente que busca su suicidio,
de manera inductiva,
autodestructiva.

Estúpidos los que me respetan,
imbéciles los que me temen,
ciegos los que me aman,
herejes los que me conocen.

La depresión no es un estado,
es un momento en el universo,
un instante,
que venero e imploro,
es una fracción de segundo que nunca existe,
es la misma antes de existir,
y es la misma después de existir,
sin haber existido nunca.

No puede ser un estado,
ni siquiera una frecuencia,
es un ciclo perpetuo del tiempo,
muere para renacer y poder morir de nuevo.

Si fuésemos tortugas cargando ciudades,
montañas que cantan por las noches,
mares que danzan al compás de la luna,
podría creerme a mí mismo.

Nunca busqué el momento,
pero cual amapola narcótica,
me lo encontré sin quererlo,
en una esquina sin arrabal y sin medias.

Sin rimas y sin métrica me encuentro sometido a escribir,
sin un método o un propósito,
no sabiendo si el instante se ha ido o sigue aquí;
Si agradecer que se fue o rezar para que vuelva.

Si fuésemos dichosos algún día,
si encontrásemos el gozo en un momento,
si tuviésemos vida y decisión propia,
podría creerme a mí mismo.

Hasta entonces maldigo cada instante de única vida.

Ser.

Existe algo en tí,
indescrptible,
vivo y y cambiante,
imposible de perder.

Existe algo en tu cuerpo,
fascinante,
esporádico y deslumbrante,
que siempre quiero ver.

Existe algo en tu mente,
atrayente,
sereno y conciso,
que sobrepone y percibe.

¿Qué me detiene?

Tus ojos almendras que sin importar lo que vean descansan sobre lo observado,
siempre retraídos, funcionando como las estrellas que al esconderse
la luna alumbran hasta el último suspiro que
las separa de la nunca melancólica mañana.

Siempre dispuestos,
definidos por su furia,
guiados por su furor,
siempre teme.

Tus piernas misteriosas como retoño de árbol, intrincadas y seductoras como rosal sin hojas, recordando la textura de lo erótico siempre bajo el tono blanco y amarillo de la belleza que las rodea. Ejemplo único de la imperfección perfecta del cuerpo humano, que bajo el contacto se vuelve en el cuchillo más afilado de doble filo. Ofreciendo redención a cambio de profanidad y herejía, contrastanto con la purificación y lo sublime, que jamás se buscó y siempre se alcanzó.

Los deseos son indefinidos,
irrumpidos tan solo por tu mirada,
que cual fuego irascible,
que me impide pensar.

No concientices,
solo observa,
disfruta y observa,
no analices.

A base de temores, nervios y reproches observo tu boca; Puedo sentir la curvatura de tus labios con mi mirada como si de una pradera llena de pasto se tratara. Curvos como un monte y suave como el borde que existe en la luna menguante. Tu sonrisa no puede hacer nada más que hacerte vivir imágenes que sin piedad desfilan por tus ojos y mis mismos labios, recordando el etéreo contacto que tuvo con los tuyos. Tu brillo natural que caracteriza y envenena tu boca más que cualquier otra fórmula. Ante la luz se convierten en tímidos, vírgenes y predispuestos. Retadores y seductores sin buscarlo. Ante el sol tus sonidos son certeros y guiadores, tus sonrisas son únicas e inspiradoras. tu mirada es encandecedora y altiva para muchos, inefable a las circunstacias, impávida frente a cualquier otra mirada, cualquier otros ojos. Definiendo de manera lógica e imperceptible tu posición inalcanzable, posicionando tus labios a la contradicción de la religión y el deseo, recaudando el tributo de la redención de como único pago existente. De noche… De noche tus labios existen, con brillo, con luz, con vida y muerte propia. Reencarnación es lo que ofrece, renacer el tributo de tocarlos.

Tímido y reluctante,
atento y risueño.

Cronista y adivino,
receloso impersonal,
ingrato a tu merced,
bendecido perpetuo.

Inconsciente llevo el deseo,
ingrávido te observo,
música al ritmo de tus recuerdos,
siempre relatando mis miedos,
preso de contemplaciones,
comparable ante constelaciones,
dependiente del miedo,
avanzar es insufrible,
arduo y variable.

Invierno se acerca,
otoño me ha malcriado,
¿Qué será lo que se espera?
me cuestiono halagado.

¿Qué es lo que te detiene?

Como una corporalidad etérea que deambula por el espacio donde la mente hace de intérprete de las ideas, y observa el escenario y la situación en la que me ofuscas, te acepto. Como una luz blanca tenue que descansa sobre un libro viejo abierto a la mitad junto a una taza en un terraza, te recibo. Como el sol frío que se asoma de entre la nieve que abraza el horizonte y emana la sensación de un despertar, te acaricio. Como el primer aleteo de un viaje de cientos de kilómetros que está por realizar un pájaro que emigra hacia el norte, te beso. Como la melancolía y la nostalgia que llaman sin punto de retorno y sin buscar de manera directa la luz de una luna llena, te extraño. Como el color que adoptan las brazas al ser sopladas, te pienso. Como la penumbra a la lluvia, como el piano a los edificios altos, como el árbol al viento, como lo arrabalero a lo sensual, como la pintura al atardecer, como la almohada a las lágrimas, como a mi taza el té, como mis sentidos el placer, como a mi mente a lo único, como mis manos a tu piel, como mis labios los tuyos, te quiero.

Invisible siempre:

Golpea, llora, piensa, siente, toca, lleva, carga, ríe, imita, invade, apropia, corrompe, toma.
Haz lo que haces y harás.
Harás lo que haz y haces.
Haces y harás lo que haz.

Que mientras perciba y decida,
dispuesto estoy,
sin variantes,
ni una más ni muchas menos.

¿Qué nos detiene?

Tan solo tu mirada junto a la mía podrá responder esa pregunta. Porque ante el roce de tus labios, las dudas y los filtros desaparecen, volviendo inútil la pregunta. Espero encontrar la respuesta en el lado oscuro de tus ojos para poder conocerla, y una vez aceptarla, poder romperla.

Perder lo que alguna vez me detuvo a acercarme más a lo que hizo que cuestionara mi conciencia y mi vida.
Perder la rutina y la monotonía, alabando incansablemente la sorpresa.
Perder  las condiciones de tu persona y la mía.
Perder los tabús que corrompen.
Perder  el miedo.
Perderme

Ser.

Y ser contigo.

Edson.
Con placer para y por Karime.

 

Ensueño

De igual forma si fuera ante un espejo,
con la misma sutileza formada por las sombras,
árido de pensamientos o ideas,
inequívoco sobre placeres,
intento comprenderme.

Mi existencia no es única,
no hay ninguna duda,
Pero,
¿Quién realmente ve a quién?
¿Quién está presto a atravesar esa inútil barrera?

La alquimia:

Faenas desabridas,
pináculos inexistentes,
clímax subterráneo,
miradas encontradas.

Tu maquillaje tímido,
tu botón de energía que florece,
tu risa ensimismada
y tu sonrisa anarquista.

Tus manos de primavera,
tus caricias como la marea,
andando siempre etérea,
pero ocultando que no sabes donde llegar.

Tus susurros de hielo,
tus miradas subjetivas,
tus halagos impredecibles,
tus predecibles intenciones,
tu cuerpo bajo el sol,
tu espalda sobre el suelo,
tus piernas estiradas,
tus labios formulando.
Siempre formulando.

No busque siquiera entenderlo,
No busque siquiera entenderme a mí.

No sabre quien llegó a quien,
no sabré quien saludó primero,
para siempre detalles nimios.

Tu rostro lo dijo todo,
ferviente sin saberlo,
con fuego sin urna,
luna llena en noviembre.

Es imposible descansar después de conocerte;
sopesar, pensar, enrabietar, creer.
Imaginar.

Si fui algún día dejé de serlo al ver tus ojos,
esa persona a través del espejo que vive en tu mirada,
yuxtaposición, yuxtaposición.

¿Quién soy ahora para pedirte algo?
¿Que materia humana contengo para poder expresarme?

Llegará el día, por supuesto,
impaciente y voraz ,
crucificando a su paso,
exigiendo redención mutua.

No me negaría jamás a ti,
no me entregaría jamás a ti,
no quiero pensar más en ti,
Pero no puedo ser sin ti.

Tengo fe,
tengo esperanza,
pero no te tengo a ti.

Maldigo al espejo de tus ojos,
cambiante de cuerpos y personas,
bendigo tu mirada única y reveladora,
musa de sueños y desvelos.

Actriz de pensamientos e ideas,
inválida de prejuicios,
no tengas piedad de mi ser,
asesíname si es de menester,
cuéntame ya entre los tuyos que he de caer.
Regresa mi cuerpo con el espejo de tus ojos.

Edson.
En Honor a Berenice Vicencio.

Tiempo adúltero

Efímeras ideas invaden el espacio,
ninguna irrelevante para mi ojo izquierdo,
celosamente, el derecho protesta encontrándolas todas hermosas.

Reservado el anticipo de mi destierro,
uno mis pensamientos a la lógica,
ceñidos ante el más duro de los hierros,
insensibles antes los prejuicios de los insensibles.

Jadeante me encuentro ante ti,
anhelando mi lugar en el mundo,
destruyendo mi imperio oculto,
añorando mi espacio en el tiempo.

Memorizo los rizos de tu cabello,
impregnados de historia y sensaciones,
guardo la imagen de tus ojos,
últimos seres en morir.

Empapado de prejuicios e ideales ilógicos,
llego a tu mirada.

Te miro.

Y me cuestiono sin ser visto.

Esta noche no quiero soñar,
miedo a ser contradecido por Morfeo.
Esta noche no quiero pensar,
miedo a recordarte y ser prisionero.

Tu muerte no me asusta,
tus ideas me desgastan,
quizá tus palabras se claven,
y tu mirada me descosa.
Pero ten por seguro que quiero verte de nuevo.

No muy tarde, no muy pronto.

Edson

Hazme el recuerdo amor.

Eres tu la tiniebla que me mira,
la oscuridad que me domina,
aquella que cálidamente me envuelve,
noche tras noche, espero tu llegada.

Y no te culpo.

Juegas al perdón,
sin miramientos o culpas,
siendo esta la razón de mi ser,
pierdo yo siempre mi fe.

Ven de nuevo,
regresa a mi epifanía.

Hagamos el recuerdo en mi lecho,
a la luz de tu tiniebla,
con luna llena en el techo,
y sin miradas mutuas de placer.

No quiero que me veas esta noche,
por hoy yo no te amo,
como tampoco tu a mí,
solo siéntate junto a mí, oremos.

Deja que la luz lunar empape tu cuerpo,
que tu piel sea lo que brille esta noche,
deslúmbrame.

Deja que mis ojos vistan tu pecho desnudo,
los llenaré de pasiones, culpas y razones,
desvísteme.

Deja que mis dedos pinten tus piernas,
pincelando el color del deseo sobre ellas,
tócame.

Deja que mi boca encuentre tu gemido,
escondido entre tus secretos terrenales,
disfrútame.

Hagamos el recuerdo esta noche,
que no quiero saber de ti.

Hazme el recuerdo sin pensarlo,
y entrégate sin cuestionarlo.

No quiero mirarte,
no quiero verte,
tocarte,
besarte.

Es repulsivo,
grotesco sin dudas,
sabiendo que eres tú,
y respondas mi caricias.

Quiero tu recuerdo,
el pasado en mi futuro.

La luna es testigo de ello,
de que hoy no te quiero yo.

Quiero tu boca,
pero no tus besos,
tu cuerpo,
pero no tu piel,
tus ojos,
pero no tu mirada,
tu placer,
pero no el mío.

Quiero que aúlles a la luna esta noche,
que las estrellas te envidien,
que la luna brille más gracias a tu fervor,
que las nubes se disipen del cielo,
pero no te quiero a ti.

Hagamos el recuerdo esta noche,
quiero recordarte un día lejano,
con ternura y sin remordimiento,
libre de las dudas, libre de ti.

Enervado

Logro mirar tus ojos,
labios sabor durazno,
que para siempre arrancaste,
nunca devolviste.

Es ligero el sentimiento,
tus brazos me rodean cálidamente,
ahuyentando mis ideas,
frenando mis alivios.

Ferviente la mirada, inapelable.

Logro mirar tus ojos,
recordarlos me ha sido imposible,
contemplo la redención en mi reflejo,
siendo tu pupila no más que un espejo.

Extrañarte está noche a sido por divagar,
la cuestión existe en no pensar,
un poco de suerte,
y el alcohol del día siguiente.

Decido mirarme a los ojos,
la mirada ha desaparecido.
del furor encarnecido,
el espejo se ha reído.

Sorprendido entonces me desvelo,
intentando hablarte,
resolviendo esperarte,
finalizar al escribirte.

No queda nada de mí,
nada que pueda ya ofrecerte,
nada que quieras tomar.

Trémulo te prometo,
te miro y me sincero,
hasta entonces dije perdido,
espero no encontrarte.